sábado, 23 de septiembre de 2017

Daisy Buchanan: Before and After

Este es un poema que escribí para una asignatura en inglés sobre The Great Gatsby. ¡Espero que os guste!


Daisy Buchanan: Before and After


I've read some poetry books
that are not like I thought.
They were beautiful tools
like the jewels I got.
I like writing in verse
because rithms and styles
are like a face which is terse,
clean, and always smiles.

I never care meanings.
What´s said isn´t bound.
I care about three things:
money, myself, and Tom.

¡Ha, ha! ¡Look at my rhymes!
They´re not difficult at all.
They are like little crimes
that I like each time a little more.
Ask for Wilson. He knows
the terrible and huge hit
that mades her wife fall.
I was just driving
at a wonderful night
with the great Jay Gatsby:
both sited side by side.

When I was with Gatsby
I loved him too
but I was already married.
I was really a fool.
He didn´t love me
but the Daisy of the past.
He was absorbed by his dreams,
In this sense, he was mad.

Money is the motor
of all this wretched world.
Here, only matters the honor,
and how to survive if troubles come.
Money can give you coats,
coats can keep you warm,
warm can give you happyness,
but without money, all will go wrong.

I got money when I got Tom,
more or less five years ago,
and I thought it wasn´t going to last,
but I realized he loves me:
I am sure of that.

Before I took it as a farse,
until he woke me up.
I love him, undobtedly,
but we are weak and get older.
We had an affair, but,
actually, we know we need each other.

And how to forget Pammy?
She is growing up
and I hope she becomes
in a beatiful little fool.
That´s the best thing a woman can be.
This´s how the society works.

In the book that Nick wrote
I seem to be shallow...
I don´t want me to be that,
but I think it´s true: I´m like a shadow
that doesn´t like to walk through light.

Now, I read "The Great Gatsby",
and I sadden because of me...
Now I know what I´ve been:
selfish and shallow.
Since then I´ve been straining
to erase my past shadow
and become a real wife
and also a true mother.


Óscar Santos Pradana

jueves, 25 de mayo de 2017

¡Buen verano!

Saludos a todos. De nuevo, perdonad mi inactividad estos meses. Lo se siempre. Las clases y los exámenes nos quitan mucho tiempo. Ahora que tengo tiempo, aquí publico un nuevo relato titulado Construcción. No olvidéis que si escribís y os gustaría que se publicase en este blog, podéis enviar a la dirección de correo elsentidodelapoesia@gmail.com. El mundo espera la historia que está aún por contar. Sed vosotros quienes la escribís. ¡Leed mucho y disfrutad del verano!

Construcción

Construcción
En un taller de Rabat, Marruecos, Akim trabajaba en el proyecto más difícil que tuvo entre sus manos: construir un autómata. Lo rodeaban artilugios que giraban y herramientas colocadas muy ordenadamente en las estanterías. El muchacho sudaba por el esfuerzo y secaba el sudor con un trapo. Cuando estaba dentro del taller se concentraba en el autómata. Estando en ese clima que le exigía tanta concentración, allí entró su padre y le dijo:

- Akim, date prisa. Recuerda: antes del Ramadán. Si no, con el ayuno no tendrás fuerzas para seguir con el trabajo.
- De acuerdo, padre -dijo sin quitarse las lentes y sin perder de vista un engranaje que manipulaba concienzudamente.

Abdel Bari, su padre, sonrió ante la concentración y las capacidades que Akim iba adquiriendo con el paso del tiempo. Le chocó la mano en la espalda dos veces y le movió, quizá intencionadamente. Akim se quejó pero siguió con su labor sin darle mayor importancia. El padre se quedó en las escaleras que subían a la casa mientras se reía y tosía. Al poco bajó Hana, la madre de Akim:

- Akim, llevas toda la mañana encerrado en el taller -se acercó con cariño a su hijo y posó la mano sobre él-. Sal y llama a Ibrahim y a los demás, anda. Así te despejarás un poco.

Akim empezaba a cansarse de trabajar, así que se separó del banco donde tenía todos los utensilios matemáticamente colocados.

- Tienes razón, madre -estiró los brazos, cerró los ojos con fuerza y bostezó-. No rendiré mucho si me quedo tantas horas seguidas aquí.
- Ve a la cocina. Te he preparado el desayuno para que cojas fuerzas.
- ¡Gracias, madre!

Akim acompañó ese agradecimiento con una mirada simpática y fue corriendo a desayunar. A la vez que veían cómo se iba, Abdil abrazó a su mujer y ella también a él.

- Qué hijo tan bueno tenemos, Abdil Bari -ella posó la cabeza en su hombro.
- Tienes razón, Hana. Tienes razón. Espero que le dé tiempo acabarlo antes del próximo mes.

Akim desayunaba mientras sus hermanos pequeños formulaban muchas preguntas sobre el proyecto que tenía entre manos. Les respondió de tal manera que se hicieran una idea de sus progresos, pues si lo explicaba con los términos apropiados, no le entenderían. Después de disfrutar del asombro de sus hermanos, cogió la cartera y el móvil y se fue con sus amigos.

Akim corría por las calles de Rabat y esquivaba a todas las personas hábilmente. El sol brillaba esa mañana y hacía mucho calor. El mar también refulgía y ambos elementos conformaban un paisaje marítimo y hermoso. Al rato se encontró con Ibrahim y los otros en el lugar de siempre. Una vez que se refugiaron del sol en una sombra fresca, empezaron a conversar:

- Tengo que hacer que funcione, pero me falta una fuente de energía que lo mueva -expuso Akim a los demás-. No puedo mantenerlo enchufado a la corriente eléctrica. No podría moverse y ser útil al mismo tiempo.
- Entonces ponle una batería, ¿no? -propuso Omar.
- No es tan sencillo. Las baterías duran cada vez menos, hasta que dejan de funcionar -respondió Akim.
- Ese problema lo tenemos todos, ¿eh, chicos? -repuso Ibrahim-. El ser humano viene con una sola batería y cuando deja de latir, se acabó.

Se quedaron un momento callados y todos rieron ante la profundidad de esas palabras, pero que no encajaban en esa reunión.

-Seguro que encuentras una solución, Akim -lo tranquilizó Ibrahim-. Si nos has construido un montón de objetos que han funcionado, este también lo hará.

Pasaron un buen rato hasta la hora de comer. Cada uno volvió a su casa y Akim continuó pensando en una solución a su problema.

De vuelta, vio a un niño de unos diez años que iba a cruzar la calle para coger una pelota. Un coche iba hacia él sin verlo por culpa de un contenedor puesto en un lugar fatal escogido.

-¡Cuidado! -gritó el padre del muchacho.

Akim observó la situación angustiado, como los otros transeúntes. El padre corrió hasta llegar a él y lo asió totalmente. El coche pasó de largo por poco y no hubo heridos. El chico fue reñido seriamente por su imprudencia y Akim se fijó en cómo el padre lo abrazó con una rodilla hincada en el suelo. Ambos lloraban juntos, como si el padre salvase al hijo de las garras de la muerte gracias a la fuerza de su abrazo.

Después de esa experiencia y de un rato de paseo Akim llegó a casa y su padre lo recibió. Por los ojos de Akim asomaban algunas lágrimas preparadas para saltar en cualquier momento y envolvió a Abdila con sus brazos. Este, con gesto de sorpresa, hizo lo mismo y lloró. No hicieron falta palabras. Sencillamente se dieron un abrazo.

La comida transcurrió apacible y llena de temas muy interesantes y divertidos. Bahir, Hayat y Muhya, los pequeños de la familia, comían y hablaban mucho. Los padres se reían por sus ocurrencias y Akim se divertía ideando nuevos proyectos.

- Lo siguiente será un monopatín que sirva para deslizarse por encima del agua.
- Te pareces tanto a tu padre, hijo -le dijo Hana mientras le sonreía-. ¿Sabes cómo llamaban a tu padre, Akim?
-¿Cómo? -preguntaron intrigados los cuatro hermanos.
Abdil tomó la palabra:
- Entre mis amigos especialmente, pero también en todo Marruecos, me llamaban el constructor de invenciones. A cualquier persona que me explicaba su necesidad yo le cosntruía un invento que le fuese de ayuda.
- ¿Podías ayudarles en todo, papa? -preguntó Hayat inocentemente.
Abdil y Hana se quedaron en silencio un rato algo cabizbajos y se miraron disimuladamente, pero no lo hicieron muy bien. La madre de la familia cambió de conversación:
- Bueno, vuestro padre no puede construir algo que cocine tan bien como vuestra madre -se levantó y tomó unos pastelillos-. Así que, ¿quién quiere probarlos?

Los pequeños levantaban el plato con ganas por ser los primeros en servirse el postre, pero Abdil puso orden en sus modales. Cuando terminaron de comer, Akim fue al taller, aunque antes de entrar agradeció la comida a Hana con un beso. Se introdujo en su área de trabajo y cerró la puerta.

"Antes del Ramadán", dijo su padre. Aquel límite le apremiaba, por lo que Akim aceleró el ritmo. Durante varias horas, recopiló los tornillos que le hacían falta con un trapito en la mano para que no se le cayeran entre los dedos. Después, manipuló algunas piezas de metal con el soldador y las unió según convenía a su obra. En las siguientes dos horas trabajó engrasando los engranajes y juntándolos unos con otros. Por fin, empezó a unir todos los elementos y componentes de su obra: las piernas y sus hilos de tela, la cadera complejamente estructurada, el torso de placas metálicas y livianas, los brazos articulados y las manos y la cabeza aún pendiente de pulir y rematar. Todo eso quedó perfectamente unido y encajado. Accionó un brazo moviendo unos hilos por detrás del torso y funcionaba sin hacer tanto esfuerzo como pensaba que iba a requerirse. Akim se alejó unos dos pasos de su invención y lo contempló. Al principio no le convenció el aspecto que tenía: daba un poco de miedo. Pero aparte de eso, estaba satisfecho. Solo era necesaria la fuente del movimiento, la energía.

No tardó en idear la solución: acoplar a la espalda y al pecho del autómata placas solares y térmicas adaptadas a su relieve. Así funcionaría y estaría listo antes del Ramadán. Akim había conseguido las piezas y todo lo necesario por muy poco dinero, aunque era de buena calidad. Como todavía quedaba muchísimo dinero en el fondo destinado al proyecto, las placas solares estaban dentro del presupuesto que le pasaron a Abdil sus amigos de la mezquita.

Akim subió las escaleras encantado por haber terminado prácticamente el trabajo.

- ¡Padre! ¡Padre! ¡Mira, está casi terminado!
- Tu padre no está, Akim -contestó Hana.
- Tengo que ir a verle. ¡Casi he acabado! ¿Dónde está?

Hana arrugó el rostro con cara de pena, aunque intentaba disimularla. Estaba inquieta y nerviosa.

- Madre, ¿dónde está? -preguntó Akim sin percatarse bien de la situación por la euforia de su trabajo.
- Está en la mezquita orando.
- Iré a verle.
- Será mejor que lo esperes. Ha ido con antiguos amigos a la mezquita del otro barrio. Además, ya es tarde para que pulules por ahí fuera.
- Mamá, tengo diecisiete años...
- ¡No hay nada de lo que discutir! ¡¿Me has oído?! -gritó Hana con gran dureza.

Esa actitud y ese grito extrañaron mucho a Akim. Pensó que ella había tenido un mal día, por lo que la invitó a ver el trabajo. Entraron en el taller y le enseñó con alegría cómo funcionaba todo según había planeado. Hana miraba encantada la obra de su hijo, pero esta vez Akim sí se percató de que su madre estaba llorando, aunque se esforzaba por no mostrarlo.

- Madre, ¿qué te ocurre?
Fue junto a ella y la consoló acariciándola. Ella no pudo retener más las lágrimas.

- Hijo mío... hijo mío...

No creyó oportuno preguntarle por qué lloraba. Se quedaron juntos un rato entre la oscuridad de aquel taller y el olor a metal fundido.

Por la noche llegó Abdil. La mesa estaba ya puesta por los hermanos y la comida preparada por Hana. La cena duró más que cualquier otra que Akim recordase, pero se le hizo muy corta. Abdil estaba especialmente cariñoso con Hana, besándola en la mejilla y en la cabeza. Ella también le mimaba pero en ocasiones miraba al suelo. Akim notó a su padre muy alegre y vivaracho. Sonreía y hacía chistes graciosísimos. Todos se reían, incluso Hana no pudo aguantar la risa de algunas ocurrencias de Abdil Bari.

Akim le enseñó a su padre el autómata. Le contó su idea de acoplar placas solares térmicas, más potentes que las meramente solares. Mientras Akim hablaba, a Abdil parecía importarle bien poco el autómata. Miraba a su hijo y le escuchaba atentamente, gozándose en la inteligencia y la maña que él había heredado.

- Escucha, Akim -habló el padre después de la explicación de su hijo-, mañana pasaré por algunas fábricas, así que me llevaré el autómata y yo terminaré de montarlo.
- De acuerdo, padre.

Y la familia se fue a dormir, menos Abdil.

Al día siguiente, Akim se levantó. Quedaba un día para el Ramadán. Fue rápido a tomar el desayuno, pero se encontró con Hana tirada en el suelo. Lloraba desconsoladamente. Sus tres hermanos también lloraban aunque sin saber por qué. El rostro de Akim se llenó de confusión y tomó a su madre en brazos. Miró al frente. La televisión estaba encendida. Anunciaba un atentado.

Óscar Santos Pradana


jueves, 9 de febrero de 2017

Asesino anónimo

Asesino anónimo

13 de septiembre de 1980                                         Petilla de Aragón, Zaragoza

Alberto...

No sabes lo que ha pasado... Estoy tan horrorizada que parece que mi cuerpo haya olvidado llorar. Estoy muerta por dentro... Pancho me ha deshonrado. Me violó por la noche. Me destrozó la cara a guantazos porque me resistía como podía. Pero me vi vencida por su fuerza.

Alberto... Tanto habíamos esperado para casarnos en santo matrimonio y ahora esto...

Te lo cuento en carta porque no soy capaz de salir de casa. Ven a verme cuando puedas.

Por cierto, dale una propina al niño de Juli. Se portó bien y se aprendió la dirección al dedillo. Pobre muchacho, ignorante del mundo que lo rodea.

Te quiero. Por favor, ven a verme.

María


16 de septiembre de 1980                                          Petilla de Aragón, Zaragoza

Estimado alcalde:

Pancho Gutiérrez es un hijo de puta. De hecho, es el hijo de puta más grande que ha visto nunca Petilla de Aragón. Eso es lo que pensaría cualquier persona de este asqueroso pueblo en el que vivo después de lo que ocurrió con su hija.

Mire, alcalde, le voy a ser franco: quiero matar a Pancho. No le diré mi nombre por razones obvias. Ahora bien, quiero que sepa mi intención para que me facilite poder llevar esto a cabo. Sé lo que sucedió entre su hija y ese hijo de puta. Si quiere ver a quien ha ultrajado a su hija muerto haga que la policía no esté de ronda mañana por la noche.

Atentamente,


Asesino anónimo


17 de septiembre de 1980                                                       Petilla de Aragón, Zaragoza

Querido Alberto:

María me ha contado que te escribió y que te has visto con ella. Sé que para ti la situación es muy difícil, pero también lo es para mí. No te sulfures con el ardor que mostraste en tu burda carta del asesino anónimo. No vamos a matarlo. ¿Estás loco? ¿Te imaginas que te encierran? Mejor no pensemos más en eso...

Tranquilízate y no hagas locuras.

Sé fuerte, Alberto.

Evaristo López, Alcalde de Petilla de Aragón


17 de septiembre de 1980                                        Petilla de Aragón, Zaragoza
Informe de la ronda nocturna

Excelentísimo alcalde:

Hemos arrestado a un individuo esta noche mismo porque iba con una pistola en mano por la calle. Según algunos del pueblo era Alberto, el novio de su hija. Espero que nos dé órdenes para ver qué hacemos con él. Tengo buena relación con usted y entiendo que el muchacho fuese a matar a quien sabemos. Creo que lo merece, la verdad. Pero solo Dios juzga. De momento, centrémonos en el asunto que nos importa.

Envíeme antes del 19 de septiembre su resolución. Alberto permanecerá de momento en el calabozo del pueblo.

Un cordial saludo,

General de Brigada Fernando Lombarza


19 de septiembre de 1980                                          Petilla de Aragón, Zaragoza

Excelentísimo alcalde:

Intuyo que estará al tanto de lo ocurrido con Pancho. Se ha extendido por todo el pueblo el rumor, que yo le corroboro: ayer, día 18, un grupo de habitantes anónimos fueron al lugar donde se escondía el criminal de Pancho Gutiérrez y lo descuartizaron. El cuerpo policial lo estuvo buscando durante tanto tiempo sin resultados y ahora van estos pueblerinos, encuentran su escondrijo y lo matan. Es un mundo sin sentido este, movido por los sentimientos y las brabuconadas románticas.

Recibí su carta. Aunque me pide que Alberto permanezca en el calabozo, creo que se puede hacer la vista gorda.

Ahora a quien habría que interrogar es al pueblo, pero ninguno cede. "¡Fue el asesino anónimo, general!" responden como enfermos. Esto parece la obra aquella de Lope de Vega.

Por la dificultad que plantea la situación y la justicia ya tomada por el pueblo, yo daría el caso por cerrado. Espero su contestación cuanto antes.

Un cordial saludo

General de Brigada Fernando Lombarza


20 de septiembre de 1980                                 Petilla de Aragón, Zaragoza

Estimado Fernando:

Estoy de acuerdo. Ciérrelo.

Evaristo López, Alcalde de Petilla de Aragón.

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Escrito por Óscar Santos con la colaboración de Carlos Sánchez-Tabernero


sábado, 22 de octubre de 2016

La oración más lúcida

La oración más lúcida

"¿Alcohol? Los que beben y se emborrachan están perdidos en la vida".

Eso es lo que solía pensar Distigísmeno. Desde joven se crió en una familia cristiana. Sus padres le transmitieron con paciente cariño cómo amar a Jesús y seguir el camino de la santidad. Aprendió bien los mandamientos. Quizá demasiado bien.
Sus amigos no habían ido nunca de botellón y cuando se reunía con ellos a veces salía el tema. "Pobrecillos... beben porque son infelices..." Distigísmeno no los odiaba pero le daban pena de verdad.
Un día su amigo Félix empezó a beber y poco a poco fue separándose del grupo. El tiempo y su época juvenil iban pasando y Distigísmeno creció resentido ante la realidad del alcohol y los botellones. Puede que gracias a ello, sacara adelante sus estudios con una mente brillante y encontrase un trabajo excelente.
Se fue haciendo mayor sintiendo esa soledad que comenzó a perseguirle desde la juventud, pero hasta entonces no había querido enfrentarse con ese vacío. Ya con bastantes años, observaba por la calle de su vivienda cómo muchas noches jóvenes y adolescentes iban con blancas bolsas bien provistas. "Ya van al botellón estos muchachos..." Y como si estuviese iniciando un proceso de conversión, se dedicó a fijarse en sus caras, en sus risotadas y en la diversión de que aquellos jovenzuelos disfrutaban juntos.
Una buena noche, con la cabeza apoyada en la mano, pensó: "Parecen felices, y yo, con todo, les miro y siento... siento... ¿envidia? ¡No! Yo tengo a Dios. ¡Ellos no tienen nada!" Y se fue a dormir.
Al día siguiente se levantó más calmado. Continuaba pensando en ello, así que quiso despejarse visitando su colegio. A través de la verja contemplaba la vitalidad de los jóvenes jugando al fútbol y, ¡quién lo diría! Se encontró con Félix y hablaron largo rato. Previendo que la conversación iba a prolongarse, fueron a un bar a charlar.
-¿Sabes, Félix? Creo que he perdido mi juventud sin disfrutar cuando me tocaba. Ahora ya es tarde.
-¿Cómo que tu juventud perdida? ¿De qué narices hablas? Todos admirábamos tu inteligencia y tu constancia en el estudio. ¡Sacabas notas increíbles! ¿No recuerdas? Además, no todo era bonito en el mundillo en el que uno se suele meter a esas edades. Pero por otro lado, sí querría haber disfrutado junto a ti con una copa en la mano, como ahora.
-Cierto, pero ya no es lo mismo.
-Nunca es tarde para ser feliz, viejo amigo. Parece que no seas cristiano. ¿Qué hay de la felicidad del santo?
-Sí que soy cristiano, y tampoco es que sea infeliz, pero en parte siento un hueco en mi interior -hubo un rato de silencio en que asimilaron las palabras del otro-. Félix, ¿seguiste siendo cristiano?
-Siempre.
Distigísmeno disfrutó con Félix como nunca. Se rieron, recordaron aventuras de cuando eran pequeños y quedaron para verse más a menudo. Y aunque antes no lo hubiera reconocido, el alcohol aligeró sus risas y le encantó.
Por la noche, rezó con Dios. Fue la oración más lúcida que tuvo en su vida.

Óscar Santos Pradana


sábado, 23 de abril de 2016

Canto a la creación

Compuse este poema para una sección de un programa en que participo en Radio María, una cadena de radio católica. Ese programa es La Hora Feliz, dirigido principalmente a niños que se están preparando para hacer la Primera Comunión. Se ha estado emitiendo durante todo el curso los lunes de 18:00 a 19:00, aunque todavía quedan varios programas que podéis escuchar. Mi sección dura unos seis minutos. En ella hago un poema que trata sobre una parábola del Evangelio o sobre cualquier tema religioso. Este poema se emitirá a finales de mayo, pero aquí os lo adelanto. ¡Seguro que os encanta!

Canto a la creación

Niños, ¿os habéis fijado alguna vez en el cielo?
Miradlo fijamente, ese azul que resplandece
que ignora el ocaso y el frío del miedo
y que abre las puertas del azul celeste.

Mirad los árboles, qué grandes y majestuosos.
Las ramas brillan y ondean al viento.
Notad cómo crujen levemente sus troncos,
notad el silbido de cada hoja y su eco.

Cuando podáis, observad cuánta inmensidad
alberga el impetuoso y bravío mar azul.
Qué bellas las olas y sus caricias.
Qué hermosos sus guiños de luz.

Alzad la vista a las montañas, casi al cielo.
qué impetuosas y señoriales se muestran.
Tan firmes como la sabiduría del abuelo.
Tan permanentes como el amor de la abuela.

Los prados y los bosques, ¿no son también
dignos de ser observados siempre
una y otra vez?
Bien extensos y frescos, repletos de plantas
y de criturillas que buscan agua.

¿Habéis visto en alguna ocasión un ciervo?
Son animales ágiles y difíciles de ver.
Pero siempre reposan al cabo del tiempo
para demostrar lo bellos que pueden ser.

El atardecer, sobre todo en verano,
¿no os parece algo increíble?
Tantos colores como el rojo, el morado,
el naranja, el azul... son miles.
Tantos que no puedo contarlos.

Y al final cae la noche, donde lucen las estrellas.
Cada una con su historia y acurrucadas con la luna.
La encargada de cuidarlas es ella.
Es como una madre que ama como ninguna.

Y tras el sueño de la noche que a todos consuela,
el sol llega glorioso para iluminarnos,
para empezar un nuevo día con fuerza.
Un día para dar gracias por el cielo,
los árboles, el mar, las montañas, los ciervos,
los prados y los bosques, el atardecer veraniego,
la noche y el día, maravillosos todos ellos.

Si tan bonitas son estas cosas, niños,
más grande y bello es el que hizo todo ello.
Dios nos creó por amor infinito,
y nos dio todo esto para nosotros,
para que con Él sus hijos seamos felices.

Óscar Santos Pradana

Un esfuerzo más

Saludos a todos. Seguramente estéis ultimando los trabajos y las entregas para poder darlo todo antes del verano. Espero que el poema que subiré en breve os calme y os haga afrontar con fuerza este último tramo de los estudios.



Atentamente,


Óscar Santos Pradana